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Para aquellas personas que hayan pasado por la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario en la última década, incluso tal vez con anterioridad, resulta común cargar con cierta sensación de hastío o de desilusión en los 2 últimos años de la carrera con respecto a la formación recibida. En especial, esa desilusión, que también podemos pensar como desorientación pre-profesional, se acentúa para aquellos estudiantes que optaron por la orientación masiva, dado que prácticamente a nivel conceptual-teórico no habría mayor desarrollo que en los años anteriores. La formación en esta orientación estaría limitada al relevamiento, porque no se puede decir que se trata de un estudio profundo y minucioso, de las llamadas "nuevas tecnologías" de la comunicación. Si bien la carrera tendría una formación heterogénea, dispar, en la orientación masiva habría una reterritorialización sobre esta temática, echando un manto de olvido sobre el resto de materias que fueron desarrolladas a lo largo de los primeros 3 años. Por eso, es común encontrar como tema mayoritario, repetitivo y hartante, en las tesis de grado, la problemática de Internet, medios masivos, etc.
Con respecto a la orientación institucional, existen mayores posibilidades de transitar nuevos territorios, en especial, a partir del aporte de la cátedra "Institución y Sociedad", y también, "Análisis de las Instituciones". En realidad, existen varios mitos respecto al contenido de esta orientación institucional, basados en silencios oficiales, tergiversaciones, ficciones y demás menesteres, ya que para la mayoría de los alumnos esta orientación se limitaría a la comunicación institucional (otra materia de esta rama), basada en las teorías organizacionales. Es por eso que muchos estudiantes que transitan la orientación masiva se sorprenden al conocer los contenidos de las materias "Institución y Sociedad" y "Análisis de las Instituciones". "Pero, cómo, Deleuze, Guattari, Castoriadis, Laclau", esos autores trabajan", "Mitos fundantes, producción de subjetividad, novela, ah pero entonces no es para trabajar en el área de Recursos Humanos", se preguntan extrañados. En realidad, la "historia oficial" que circula a inicios de 4º año da por sentado que la orientación institucional apunta solamente a profundizar los trabajos efectuados en la materia de 3 año "Comunicación Multimedios", también basada en las teorías organizacionales. Producto de estas deficiencias de la carrera, donde la política de la escuela de Comunicación Social es determinante, no aparece en los últimos años un debate sobre las funciones sociales de un comunicador, su posición ética ante la historia y cuál es el rol que podría cumplir en la producción de cambios cualitativos en la sociedad. Sin dudas, esa idea tan común para la sociedad respecto a la tarea del comunicador, cuando se dice que es "algo así como un periodista", o bien, "un poco más que un periodista", no es ajena al interior del alumnado y de los demás claustros de la facultad. Está claro que esta situación es producto de esa falta de debate en el seno de la escuela de comunicación, es decir, tal como lo mencionábamos con anterioridad, es consecuencia de la política de los funcionarios y de buena parte de los docentes de la carrera.
A inicios de este año, quien escribe estas líneas, comentó a un alto funcionario de la Escuela de Comunicación Social el tema de su tesis (las nuevas producciones de subjetividad en las familias del barrio Somisa, después de la privatización de la fábrica), recibiendo como respuesta: "Ah, que interesante, pero tiene algún anclaje en lo comunicacional". Queda evidenciada en esta respuesta, por un lado, la necesidad de ser la escuela quien fija una especificidad a la carrera, en todo caso tendrían que hacer público cuál sería ésta, y también, por otro lado, la incapacidad reinante para pensar cualquier ruptura de los límites disciplinarios, e incluso, podemos pensar en la intención de evitar cualquier desterritorialización o desborde a esa especificidad que se intenta fijar. Desde el plano de los estudiantes, que no son una víctima pasiva en la carrera, sino que, tanto como la institución, están atravesados y producidos por las axiomáticas capitalistas, donde el éxito, la frivolidad, el ansia por el dinero, luchar en el mercado mediático, la competencia, la imagen del periodista estrella o el diseñador de soluciones institucionales mágicas, representan anteojeras lo suficientemente rígidas como para impedir la aparición de posturas activas respecto a la intervención en los problemas sociales.
A diferencia de ciertos directores y docentes, los alumnos están convencidos de la falta de especificidad de la carrera, situación que deriva en quejas constantes, así como en situaciones de angustia en los últimos años de cursado. Tal vez se pueda pensar esta situación de otra manera, dado que también se podría transformar esa preocupante falta de especificidad en una posibilidad potencial de mayores aperturas, de indagación e incorporación de contenidos diferentes, que permitirían la ruptura de los estratégicos límites disciplinarios que caracterizan las ciencias en general, y también las sociales. En un sentido nietzcheano, tal vez podamos pensar esta situación como un desierto que podemos poblar de líneas y caminos nuevos. Sin embargo, los alumnos casi con desesperación solicitan a sus docentes la fijación de "la línea" que otorgue un cierre a los últimos años de la carrera. Resulta común en las clases de 4 y 5 año escuchar en las clases los pedidos de "herramientas" para trabajar en la realidad. Como si la lectura de Foucault, Deleuze, Guattari, Arendt, Marx, Weber, O'Donnell, Barthes, Ducrot, Bajtin, Bourdie, etc., no fueran puntales fundamentales para pensar la intervención en la sociedad. A partir de esta breve caracterización de la formación en la carrera de comunicación social se intentará pensar el trabajo del comunicador social en relación a la clínica. Cuando se habla de clínica, se toma la "definición" aportada por Alberto Ascolani, titular de la cátedra "Institución y Sociedad" y "Análisis de las Instituciones": "clínica, no ya desde la remanida y caduca referencia a "clinos", cama con la historia y la dominancia médica, sino clínica referida a la cura, como cuidado del otro. A la clínica como la posición que nos puede permitir el acceso a esa singularidad del otro, a su diferencia".
B. Spinoza introduce el concepto de afección, fundamental en su pensamiento, en tanto se trata del estado de un cuerpo que sufre la afección de otro cuerpo. Esta afección se produce a partir de la mezcla de cuerpos en donde uno actúa sobre otro y produce consecuencias mutuas. Un cuerpo para Spinoza está compuesto por una infinidad de partes que se extienden, en un vaivén de movimiento y reposo, al infinito en el espacio, y esas partes van a entrar en determinadas relaciones, que van a corresponder a la esencia del sujeto. Al mismo tiempo, dirá este autor, que un cuerpo afecta otros cuerpos y es afectado por ellos. Un ejemplo sencillo sería el contacto con determinada persona que nos produce tristeza o alegría. Desde este concepto de afección, Spinoza diferenciará 3 tipos de ideas en el sujeto, de las cuales se describirán, por el momento, las dos primeras: las ideas-afecciones, donde el individuo limita su entendimiento a las consecuencias que le produce un encuentro con otro cuerpo. Por ejemplo, me quemé la piel por el sol, pero nada se sabe sobre el sol. En resumen, dirá este autor, que las ideas-afecciones es el nivel más bajo de conocimiento, limitado en la representación de un objeto, dado que sólo registra los efectos de un encuentro, y no sus causas, su origen. Aquellas que sí van a dar cuenta de las causas de determinada modificación del cuerpo son las ideas-nociones. Estas buscan la comprensión de los actos, trascendiendo las simples consecuencias.
Continuando con Spinoza, este autor dirá que limitarse a las ideas-afecciones significa vivir una vida pasiva, dejándonos afectar por los cuerpos que llegan y nos modifican en una variación continua, yendo de un lado a otro, sin intervención propia, a la manera de una simple marioneta. Para cambiar esta postura es necesario llegar al plano de las ideas-nociones, es decir, recuperar la potencia de actuar, mantener una vida ética, activa, buscando siempre el conocimiento del por qué de mis actos, sus condicionamientos, para poder evitar los malos encuentros. La incorporación de estos conceptos fundamentales en la obra de Spinoza, nos permite un inicial acercamiento a la relación entre clínica y comunicación. Si pensamos el rol del periodismo, uno de los principales campos de desarrollo profesional para un comunicador social, podemos afirmar que su trabajo, salvo limitadas excepciones, se reduce al plano de las ideas-afecciones, es decir, a las consecuencias de los actos, a lo ya dado. El llanto del desocupado, la furia de los delincuentes, cuánta plata robo un diputado, el final cruento de los manifestantes en una marcha piquetera, etc. Está claro que los medios de comunicación son un pilar fundamental dentro de cualquier bloque hegemónico de poder. Por eso podemos afirmar, que las minorías dentro de los medios que intentan profundizar las noticias, contextualizarlas, buscar sus raíces, son excepciones, y es necesario pensarlas en términos de resistencias, dado que los medios están atravesados y producidos a partir de la lógica capitalista. No representan Hadad y Grondona y Neustandt, paladines salientes del (neo)liberalismo, excepciones o excesos dentro de los medios de comunicación, al contrario, ellos representan su genuino producto. Por eso es necesario repetirlo: los pocos periodistas, programas, medios gráficos, radiales, tal como es el caso de Eduardo Aliverti y su programa en radio Rivadavia, que intentan trascender el simple plano de las ideas-afecciones, deberán ser entendidos en términos de resistencia, de línea de fuga, respecto a los medios masivos en general. Un ejemplo claro del trabajo del periodismo limitado al campo de las ideas-afecciones es la proliferación de programas que denuncian hechos de corrupción, todos ellos seguramente de importancia, de hecho siempre es necesario que salgan a la luz episodios delictivos o corruptos, pero ahora bien, también se puede comprobar que esos mismos programas no trascienden el hecho consumado, no hay un cuestionamiento ni una indagación mayor sobre el modelo de acumulación capitalista, donde la corrupción aparece como su producto inevitable, y no simplemente la oscura actitud de determinadas personas "malas". La corrupción, para ser más precisos, no es una fenómeno individual, sino una necesario producción institucional dentro del sistema capitalista donde vivimos.
A partir de esta posición vemos surgir cientos de discursos simplistas de boca de diferentes actores sociales, imaginando la posibilidad de humanizar el capitalismo, erradicando, como primera medida, la corrupción de los funcionarios.
Otro analizador concreto de las limitaciones y de las cegueras del periodismo se evidenció en la cobertura de las revueltas populares del 19 y 20 de diciembre del año 2001, cuando se produjo la caída del gobierno del entonces presidente de la Nación, Fernando de la Rúa. Inmediatamente, comenzaron comparaciones con otros pasajes de la historia, como fue el 17 de octubre de 1945, no hubo, salvo excepciones, análisis sobre los episodios en términos de acontecimiento (Deleuze), de línea de fuga respecto a un orden establecido, de efectos de movimientos y reposo, de ritmos, de velocidades y movimientos moleculares, que excederían todo plano de organización o representación. Se efectuó una lectura desde una régimen de afección que poco tenía que ver con lo que había ocurrido en las calles de la Argentina. Los medios de comunicación no entienden de microplítica, no es su régimen. Pero volvamos a la comunicación y clínica: ¿por qué la necesidad de acercamiento al sujeto, a su singularidad, a su diferencia? ¿Por qué una carrera por fuera del campo psi debería acercarse al sujeto, estudiar la subjetividad? ¿Acaso son psicólogos o psiquiátras los comunicadores sociales?. Desde ya antes de intentar trazar algunas líneas de análisis a partir de estos cuestionamientos, es necesario aclarar que si bien se piensa el periodismo como espacio primordial de la comunicación social, sobretodo desde el deseo de los estudiantes, también debemos sumarle otros campos de desarrollo, tal como la investigación, el análisis institucional, la docencia, etc.
Empecemos a trazar algunas líneas, a la manera de la mancha de Bacón. Está claro que por lo menos desde los objetivos, el acercamiento de un comunicador social a la singularidad de un sujeto no está pensado en términos terapéuticos. Para decirlo en otras palabras, cuando se fija una entrevista en profundidad con una persona o grupo de personas no se busca producir cambios terapéuticos en ellos. Ahora bien, tampoco se puede descartar que de ese encuentro surja un cambio en el sujeto, o sea, que termine generándose un dispositivo terapéutico. Sin dudas, en el encuentro, una pregunta, un recuerdo, una palabra, puede hacer resonancia en la superficie de la subjetividad y producir el desbloqueo de un bloque de intensidad, y así devenir en un cambio. De igual modo, no se encontraría dentro de los objetivos una acción terapéutica.
Tal vez una definición de subjetividad, nos permita acercarnos un poco más a la comunicación y clínica. Para esta definición utilizaremos los conceptos aportados por Deleuze y Guattarí desde el esquizoanálisis, imagen de pensamiento sobre la cual se basa este análisis, y dejaremos de lado cualquier concepción freudiana por considerarla limitada. La subjetividad es un producción social-histórico-cultural, y no se reduce a una producción intrapsíquica o simplemente familiar como propone Freud. La catexis sociales son anteriores a las catexis familiares dirán estos autores en su libro el "Antiedipo". Deleuze establece que la subjetividad es el resultado de las fuerzas del mundo de los acontecimientos exteriores sobre la superficie de subjetivación, y que a su vez en este pliegue que se produce en su interior, posteriormente la subjetividad se expresa hacia el exterior. Es decir, la subjetividad se produciría en el permanente encuentro entre los acontecimientos exteriores, plano trascendente, y el plano de subjetivación que es lo inmanente. Nada ya está producido, si no que se produce en ese encuentro. Por tanto, habría 3 movimientos: uno, la impresión que recibe de las fuerzas externas, esa impresión produce en la superficie del ser un pliegue; segundo, desde su potencia elige ese pliegue, y un tercer movimiento, cuando se expresa al exterior. Cuando se habla de los fenómenos externos en términos de lo trascendente no se lo piensa en términos de la verdad trascendente, a la manera de Platón, sino como fenómenos del mundo que están en permanente cambio y movimiento.
Con esta definición de subjetividad, antes expuesta, ya podemos ir vislumbrando el campo de acción que conectaría la comunicación y la clínica. Sin embargo, antes de introducirnos en él, vamos a incorporar otro concepto fundamental desde esta imagen de pensamiento (esquizoanálisis): agenciamiento. Está claro que esta introducción de conceptos no intenta abarcar la alta complejidad de la línea de pensamiento de Deleuze-Guattarí. Un agenciamiento es el territorio en donde un sujeto se determina, vive, transcurre sus días. O sea, un sujeto no "es", si no que se agencia desde tal o cual agenciamiento. Este concepto se diferencia del de estructura, perteneciente a otras imáges de pensamiento. Cuando alguien dice "te amo", hay que analizar desde que agenciamiento lo dice, dado que existen diferencias entre un agenciamiento despótico, donde le amor aparecería como posesión, y otro más flexible donde se piensa como compañerismo, respeto por la diferencia. Por tanto, un agenciamiento, ese territorio desde donde actúa una persona, está conformado por elementos de la más variada heterogeneidad: sociales, políticos, culturales, míticos, artísticos, físicos, técnicos, fisiológicos, electrónicos, etc., etc., etc. Tal como lo establece Deleuze y Guattari, un agenciamiento es un conglomerado de líneas duras, flexibles y de fuga, en tanto que el sujeto se irá apoyando en diferentes líneas a lo largo de su vida. "Siempre hablamos, accionamos y pensamos desde un agenciamiento, es la línea imperceptible que atraviesa las ideas, los cuerpos, los elementos en juego, es el entremedio, la "y" que sustituye el "es" y que sostiene todas las relaciones." (Deleuze)
Por qué la necesidad de re-pensar la noción de subjetividad a partir del esquizoanálisis, y qué importancia tiene para pensar la comunicación y clínica. Sin dudas, es fundamental porque lo que se está comprobando es cómo la subjetividad está producida por un social-histórico, y no solamente por mamá y papá como establece el freudismo. Por tanto, la importancia del acercamiento a la subjetividad de una persona, por ejemplo en el marco de una entrevista en profundidad, es encontrar y sacar a la luz los atravesamientos sociales, políticos, culturales, históricos que determinan esa subjetividad. En otras palabras, a través de la comunicación y clínica tenemos la posibilidad de desnudar las marcas de este salvaje sistema capitalista sobre los sujetos. No nos importan las cosmovisiones, acciones, actitudes, reflexiones de José por ser el hijo de mamá y papá, o porque habla bien o tiene buen aspecto físico, eso no tendría mayor relevancia que una anécdota, aquello que nos importa es acercarnos a su singularidad para destacar los mitos sociales y culturales que lo atraviesan y lo determinan, las marcas de los valores capitalistas, de sus axiomáticas. Obviamente, no es que se trata de efectuar un tratado sobre las líneas duras de un sujeto, también será importante destacar las líneas de fuga, de quiebre con el statu quo, que pueda tener.
Sacar a la luz las líneas de fuga resulta de vital importancia, dado que muestra a la sociedad que la realidad no es una sola, ese gigante mito de los medios masivos y de la mayoría de nuestras instituciones, sino que hay múltiples mundos dentro del mundo. "Queremos un mundo donde quepan todos los mundos", propone el zapatismo. Así como el comunicador social no tendría como objetivo una acción terapéutica, el psicólogo en su trabajo no puede destruir las causas que producen determinada realidad en un sujeto, tan sólo puede des-subjetivilizarla, ya que aquello que produce tal o cual afección en un sujeto proviene del campo social, con lo cual no se puede destruir. Por ejemplo, un mito milenario como el de la mujer-madre o ama de casa. Aunque sí intentar que el sujeto se desterritorialice de ese agenciamiento, se produzca una fuga, y se reterritorialice de otra manera diferente, positivia. Pensado en términos de transdisciplina, desde el lado del comunicador social la tarea será también des-subjetivizar, pero desde otro plano, no terapéutico, como ya se dijo en reiteradas ocasiones, sino hacer público, analizar, sacar a la luz esos mitos, esas "verdades", dogmas naturalizados que construyó y construyen día a día los sectores dominantes, para de esa manera evitar las culpabilizaciones, las etiquetas y la individualización de las conductas en las personas. Será una tarea del comunicador comunicar a la sociedad que los sujetos transitan, piensan, hablan, trabajan, actúan, en determinados agenciamientos, de los cuales será preciso descubrir sus características, sus líneas de composición.
Tal vez donde sí se pueda pensar la intervención directa del comunicador en la producción de cambios es en el campo del Análisis Institucional. Esto no pensado en términos de sanador, de especialista profesional externo, sino, en cambio, como parte integrante de una institución, para trazar la cartografía de líneas de la institución y trabajar grupalmente en consecuencia sobre la posibilidad de transformación.
Retomando los conceptos de Spinoza, en la comunicación y clínica se necesita trascender el mero plano de las ideas-afecciones, de las consecuencias, para llegar al plano de las ideas-nociones, dado que es en este plano donde surgirán las caras desnudas de este sistema imperante. Si no, lamentablemente, lejos de cualquier aporte al cambio social, se estará siendo funcional a un sistema, al cual se le permite ocultar sus garras. Sin dudas, debe quedar muy en claro que la comunicación y clínica siempre es un asunto eminentemente político. En cambio, si la tarea se reduce al plano de las ideas-afecciones tan sólo será un maquillaje, un aporte a la confusión social.
Después de describir las principales implicancias de la comunicación y clínica podemos pensar aún con mayor positividad la heterogeneidad en la formación en la carrera Comunicación Social. Siempre y cuando ésta sea una plataforma sobre la cual los próximos profesionales profundicen y, en especial, amplíen sus conocimientos sobre diferentes líneas de pensamiento y trabajo. Para acercarnos a una persona, a su singularidad, necesitamos apropiarnos de múltiples conocimientos que estén a la altura de la extrema complejidad que implica toda subjetividad. El sistema capitalista atraviesa transversalmente nuestra sociedad, sus marcas llegan al máximo de capilaridad dentro del campo social, logrando naturalizar e invisibilizar sus leyes y verdades, por tanto, debemos contar con las herramientas más flexibles que nos permitan su visualización y denuncia.
Lic. en Comunicación JUAN PABLO HUDSON 16 DE JULIO DE 2002
Bibliografía utilizada: · Seminario sobre Clínica, dictado por el grupo Cristal en Bs.As. · Seminario "Acontecer, Devenir, Clínica", organizado por Alberto Ascolani. Rosario. · Gilles Deleuze-Felix Guattari. "Mil Mesetas". Ed. Pre-Textos. · Gilles Deleuze-Felix Guattari. "El AntiEdipo". Ed. Paidós.
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