Seminario de Cultura e Identidad

En el andar cotidiano, me doy cuenta que lo que está allí, en las calles, lo que se mueve, lo que transita a mi lado, lo que registro del otro, eso que pasa sin pasar, es producto de mi voluntad. Mi voluntad me dice que es lo que yo configuro del otro, lo que registro del espacio y de las personas que lo atraviesan. Creo que somos tecnologías que vamos abriendo camino al andar, de la misma manera que la cámara abre la profundidad del campo.  Me parece interesante traer la canción de Fito Páez "Al lado del camino", y citar algunas líneas para avanzar:

"Me gusta estar al lado del camino

Fumando el humo mientras todo pasa

Me gusta abrir los ojos y estar vivo

Tener que vérmelas con la resaca

En tiempos donde nadie escucha a nadie

En tiempos donde todos contra todos

En tiempos egoístas y mezquinos

En tiempo donde siempre estamos solos.

Habrá que declararse incompetente

En todas las materias del mercado

Habrá que declararse un inocente

O abra que ser abyecto y desalmado.

Yo ya no pertenezco a ningún ismo

Me considero vivo y enterrado

Yo puse las canciones en tu walkman

El tiempo a mi me puso en otro lado".

Somos seres, organismos vivos, somos tiempo, somos materia, sustancia y forma. Somos estructuras significantes, somos símbolos totalizantes, somos sexo, somos géneros. Somos división y copia, calco y reflejo, cuerpo y deseo, rostros de otros, nombres de otros, somos en el hacer con otros…Somos los otros.

Es solo una cuestión de actitud entender lo que se inscribe en el mundo, ¿Qué mundo? El que nos inventamos como un cuento fantástico y caótico todos los días. El que exageramos, el que se impregna de los sueños, lo que queremos que sea, eso que habitamos o que nos habita, lo que nos encierra o lo que nos libera…Eso producto de velocidades, de distintas frecuencias,  de pequeños pasos o huellas, de corridas o pasos agigantados, de trotes, de idas y venidas, de viajes nomádicos solo de "ida", de impensables regresos…El mundo que vemos es el que nos creamos y el que recortamos de todo eso que se mueve con nosotros y que no registramos. ¿Por qué no lo vemos? ¿Se trata solo de ver? O también de sentir, pisar, oler, tocar, mirar, sujetar, apretar, acariciar…

Cuando en la vía se cruzan las vidas, allí se produce "algo" que por implosión o explosión conecta: Cuerpos, deseos, ansías, ganas, emociones, pasiones, sensaciones, situaciones, sentimientos, sometimientos, sujeciones, tensiones, tracciones, tiempo, líneas, puntos, segmentos, colores, matices, objetos, aromas, miradas, sonrisas, tristezas, alegrías, amargura, rasgos, rastros, rostros, rabia, ira, tranquilidad, fragilidad…

Los cuerpos que registramos en el día a día, en un afuera que es adentro también se van delineando como quien dibuja con tiza o carbonilla los rasgos de la naturaleza. Cuando, caminamos, en cada paso que damos no solo pisamos el suelo sino una infinidad de pisadas de otros que pasaron por allí y cuyas pisadas se imprimen en la suela de nuestro calzado. Es imposible pensarse solo. Es imposible ver todo. Es posible registrar lo que queremos porque de intenciones está hecha la acción del hombre y en consecuencia lo que el mundo es para cada cual. El mundo sensible, tangible, es materia formada por la sustancia de nuestras pasiones visibles y decibles. 

 ¿Cómo explicar lo que no quiero ver? ¿Qué es lo que no puedo ver?

Lo que no puedo ver es el horror de quienes viven una vida miserable y suntuosa, entre odios y torturas, en la soledad de la codicia, en la soberbia de la envidia, en el rencor del egoísmo, en la complejidad de los cánones de la moda, en la ilusión de un mundo de iguales, en la sinrazón de los "pero" entre excusas e indecisiones. En la ficción de aquellos "que rondan por siniestros ministerios haciendo la parodia del artista". Tampoco quiero ver niños en la calle, desprotegidos, abandonados, tristes y desolados. No quiero ver guerras, peleas, violencia, dolor y sarcasmo. Tampoco quiero ver políticos corruptos, déspotas sin medida ni dictadores uniformes. Gente complicada, que no se conforma, que vive del pasado que le pesa o que carga, que no puede "armar nada". ¿Cómo movernos en el borde del mundo violento que vivimos?

 Necesitamos contrapesos móviles para hacerle frente a tanto "plomo", tanto estallido, tanto desborde y sinsentidos. Engaños y desengaños, fuertes y muros, mares de sangre…

"La máquina del mundo es harto compleja para la simplicidad de los hombres" escribía Borges. Si podemos ser felices con tan poco, si podemos encontrar la profundidad de campo, y ver que alli estoy yo con otros, y que la vida es un tránsito de puro azar, que un momento de felicidad es único e irrepetible, ya que sufrimos más de lo que disfrutamos… ¿Es tan difícil comenzar a ejercitar la mirada y profundizar en el detalle de los cuerpos que piden a gritos que alguien los ame?

No quiero ver lo que otros ven como un deber ser de una sola manera. Quienes juzgan desde un lugar de poder de la palabra dicha o impresa, en los infinitos códigos sociales y morales que representan una realidad disciplinada, no conocen el mundo, conocen la nada. Conocer implica un encontrarse con el cuerpo del otro: afectarse, olerlo, sentirlo, atravesarlo… Quienes se quedan en las leyes o ideas se quedan a mitad del camino, en el plano del pensamiento dogmático, olvidándose del cuerpo. Estancados, detenidos, sin llegar a ningún lado, en el status quo "apretando el automático", funcionando como máquinas codificadas de ideales, de copias, de representaciones, de exaltaciones de brutos reflejos… Más allá del ver está el mirar y si no corremos el velo que filtra el resto de los sentidos que poseemos dándole rienda suelta únicamente a la vista moral y alfabetizada, nada veremos que no sea más que nada. Axiomática de la nada, porque allí no hubo producción nuestra, no hubo deseo nuestro, no se corrió el límite para dejar que el cuerpo se manifieste. Copiar pegar "veo lo que se debe ver: en realidad, no veo nada".  

Sofía Pintaudi